El faro
Una y otra vez
los embates de las olas
abrazan tu cuerpo
erguido sobre el mar.
Impasible les recibes
como parte de tu sino.
Sin doblegarte, ni temer
mas que la soledad
que cada día soportas.
Tu luz compite con la luna
que altanera, ella,
te observa sonriendo
desde un privilegiado balcón.
Tus sonidos enardecen
a las sirenas que habitan
en profundas simas,
pues saben que no tienes rival
Y pese a todo…
Ahí sigues, inalterable por el tiempo.
Aguantando tempestades,
y gozando también
de la calma de tu amigo, el mar.
Octubre 2009